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*Correspondencia: Renata Báez-Saldaña. Email: baezrd@unam.mx
La pandemia de COVID-19 provocó un exceso de muertes estimado en 15 millones y a medida que el SARS-CoV-2 se vuelve endémico, sigue siendo una causa importante de enfermedad en todo el mundo. La ruta principal de transmisión y propagación del SARS-CoV-2 es por vía aérea directa por contacto de persona a persona a una distancia corta. El R0 se estima en 2.2 y 2.7. La manifestación de la enfermedad se puede clasificar en tres etapas con tres categorías de gravedad: en la etapa I, predomina la multiplicación de la carga viral, con síntomas leves; en la etapa II, ocurre neumonía con grados variables de respuesta inflamatoria e hipoxia. A la etapa III llega una minoría de pacientes; es la etapa más grave de la enfermedad debido al desarrollo de un síndrome hiperinflamatorio que se manifiesta por hipoxia grave y por manifestaciones extrapulmonares. Las estrategias preventivas incluyen intervenciones farmacológicas (vacunación) y no farmacológicas (uso de mascarillas, ventilación, higiene, pruebas diagnósticas y aislamiento). La vacunación es la principal herramienta de prevención a nivel individual y comunitario. Aunque la fase de emergencia finalizó, el SARS-CoV-2 continúa circulando y se espera que transite a una forma endémica. La posibilidad de eliminar el virus parece inviable en el corto plazo, debido a la alta transmisibilidad del SARS-CoV-2, la inmunidad incompleta y transitoria, así como a la aparición continua de variantes con escape inmunológico parcial. A futuro, la incidencia de COVID-19 dependerá del grado de inmunidad postinfección o vacunación en la población, y a la dinámica de aparición de nuevas variantes.
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