Introducción
La COVID-19 puede evolucionar hacia un síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SIRA), caracterizado por colapso alveolar, ocupación exudativa e inflamación pulmonar que puede progresar a biotrauma y falla orgánica múltiple. En este contexto, la ventilación mecánica es una terapia de soporte esencial que permite mantener el intercambio gaseoso mientras el pulmón se recupera, mediante el ajuste cuidadoso de volumen y presión para optimizar la ventilación y favorecer el reclutamiento alveolar.
La ventilación protectora, basada en volúmenes corrientes de 6-8 ml/kg de peso predicho, busca evitar tanto la sobredistensión (volutrauma) como el colapso cíclico alveolar (atelectrauma), particularmente relevante en el SIRA, donde el daño pulmonar ya está establecido1. Esta condición obliga al operador del ventilador mecánico a extremar precauciones en la selección de los volúmenes y presiones administrados, con el objetivo de no perpetuar ni agravar la lesión pulmonar subyacente. Los ajustes utilizados en este contexto se conocen como parámetros de protección pulmonar.
La indicación de iniciar ventilación mecánica invasiva (VMI) en pacientes con COVID-19 se establece ante la presencia de insuficiencia respiratoria grave refractaria a otras estrategias terapéuticas, como la oxigenoterapia convencional, la ventilación mecánica no invasiva o la cánula nasal de alto flujo. En particular, debe considerarse la VMI cuando se presentan uno o más de los siguientes criterios: a) relación presión arterial de oxígeno (PaO2)/fracción inspirada de oxígeno (FiO2) < 200; b) deterioro del estado neurológico; c) incremento del trabajo respiratorio (WOB, por sus siglas en inglés); d) taquipnea mayor de 30 respiraciones por minuto, y e) acidosis respiratoria, definida por un pH < 7.35 con PaCO2 > 45 mmHg2 en altitudes como la de la Ciudad de México a 2,240 m. Para comprender adecuadamente los parámetros ventilatorios y las estrategias de monitorización, es fundamental conocer los fenotipos clínicos descritos a lo largo de la pandemia.
Fenotipos de COVID-19
Los pacientes con COVID-19 pueden presentar distintos patrones de hipoxemia refractaria, que incluyen desde casos con distensibilidad pulmonar conservada hasta formas más graves similares al SIRA clásico. Algunos pacientes muestran buena respuesta a la posición prona, mientras que otros sin mejoría suelen tener baja capacidad de reclutamiento alveolar3. Gattinoni et al.3, en su editorial COVID-19: ¿Tratamiento respiratorio diferencial para cada fenotipo?, plantean la hipótesis de que la presentación clínica y la gravedad de la neumonía por COVID-19 dependen de la interacción de múltiples factores: 1) la gravedad de la infección, la respuesta del huésped, la reserva fisiológica y las comorbilidades; 2) la respuesta ventilatoria a la hipoxemia, y 3) el intervalo entre el inicio de los síntomas y la instauración del manejo hospitalario.
Se han propuesto dos fenotipos principales:
– El fenotipo L se caracteriza por distensibilidad relativamente preservada, alteración de la relación ventilación/perfusión predominante por cambios en la perfusión, patrón en vidrio esmerilado con bajo peso pulmonar y escasa respuesta al reclutamiento.
– El fenotipo H en cambio, presenta alta elastancia, aumento del edema y del peso pulmonar, mayor cortocircuito intrapulmonar y alta capacidad de reclutamiento alveolar. Se asemeja al SIRA clásico3.
Estos fenotipos pueden evolucionar de L a H debido al incremento del trabajo ventilatorio y de las presiones intratorácicas, así como a la progresión del daño inflamatorio y del edema. Esta dinámica fisiopatológica explica la variabilidad clínica observada en la COVID-19 grave, incluyendo respuestas heterogéneas a la ventilación y la oxigenación3. En la figura 1 se muestran las diferencias entre ambos fenotipos.
Figura 1. Fenotipos de neumonía grave por COVID-19. Los cortes axiales esquemáticos ilustran los hallazgos tomográficos característicos de cada fenotipo. El fenotipo L (panel izquierdo) muestra opacidades en vidrio esmerilado de distribución periférica y escasa, con parénquima pulmonar predominantemente aireado y bajo peso pulmonar. El fenotipo H (panel derecho) presenta consolidaciones posterobasales extensas y opacidades en vidrio esmerilado difusas, reflejo del edema pulmonar abundante y el aumento del peso pulmonar. Fisiológicamente, el fenotipo L se caracteriza por distensibilidad conservada, alteración de la relación ventilación/perfusión de predominio vascular y baja capacidad de reclutamiento; el fenotipo H, en cambio, es similar al SIRA clásico, con alta elastancia, cortocircuito intrapulmonar elevado y alta capacidad de reclutamiento alveolar. Ambos fenotipos pueden coexistir o progresar de L a H por incremento del trabajo ventilatorio y progresión del daño inflamatorio. Las imágenes son representaciones esquemáticas; no corresponden a tomografías reales de pacientes. Adaptado de Gattinoni et al.3. PEEP: presión positiva al final de la espiración; SIRA: síndrome de insuficiencia respiratoria aguda; V/Q: relación ventilación/perfusión.
Los fenotipos H y L de Gattinoni constituyen una herramienta conceptual útil para comprender la heterogeneidad fisiopatológica de COVID-19, pero actualmente se han descrito subfenotipos hiperinflamatorios e hipoinflamatorios del SDRA, por lo que la evaluación individual de la mecánica pulmonar, la reclutabilidad y la respuesta clínica tienen mayor relevancia para guiar las decisiones terapéuticas.
Parámetros de programación inicial en ventilación mecánica
La programación inicial de la ventilación mecánica debe individualizarse según las características clínicas del paciente, con énfasis en la protección pulmonar, la oxigenación y la sincronía con el ventilador. No existe un modo ventilatorio superior, por lo que la elección depende de la experiencia clínica. Sin embargo, se recomienda iniciar frecuentemente con ventilación controlada por volumen para garantizar un volumen corriente (VT) protector (4-8 ml/kg de peso predicho, idealmente 6-8 ml/kg), con frecuencia respiratoria de 12-18 rpm y ajustes que pueden requerir incrementos según la condición del paciente4.
Otros parámetros iniciales incluyen flujo inspiratorio de 40-60 l/min, relación inspiración:espiración (I:E) de 1:2 a 1:3, presión positiva al final de la espiración (PEEP) inicial ≥ 5 cmH2O y sensibilidad de 1.5 a 2 l/min (o, en modalidad por presión, entre −1 y −3 cmH2O). El objetivo central es mantener una presión meseta < 30 cmH2O y evitar el daño pulmonar inducido por el ventilador (VILI), ajustando conjuntamente frecuencia y flujo para prevenir auto-PEEP. El volumen minuto debe adaptarse a las demandas metabólicas y al espacio muerto. En algunos casos puede aceptarse hipercapnia permisiva como estrategia protectora2.
El modo controlado por presión es una alternativa válida, pero requiere conocer sus diferencias de programación según el ventilador. En este modo, el VT es variable y depende de la mecánica pulmonar del paciente y del gradiente de presión aplicado, por lo que la impedancia toracopulmonar influye directamente en la ventilación efectiva; a mayor impedancia, la presión inspiratoria máxima se alcanza más rápidamente, lo que resulta en un menor VT entregado. Desde un punto de vista operativo, la diferencia de presión (ΔP) entre la línea de base (PEEP más auto-PEEP) y la presión inspiratoria pico (PIP) es el principal determinante del VT administrado. Esta relación está influenciada tanto por las propiedades mecánicas del pulmón como por el esfuerzo respiratorio del paciente4. Otras consideraciones relevantes incluyen el uso de una onda de flujo preferentemente desacelerada, la programación de una frecuencia respiratoria mínima, el ajuste adecuado de la relación I:E y la sensibilidad del disparador. La presión inspiratoria debe titularse de forma progresiva para alcanzar el volumen corriente objetivo dentro de un rango seguro, en concordancia con los principios de protección pulmonar4.
Concepto de reclutamiento
El reclutamiento pulmonar, descrito por Lachmann en 1992, consiste en la reapertura de unidades alveolares colapsadas para incorporarlas nuevamente a la ventilación. Este proceso se logra mediante la aplicación transitoria de presiones inspiratorias elevadas (presión positiva inspiratoria) y su mantenimiento con niveles adecuados de PEEP, con el fin de evitar el colapso al final de la espiración y favorecer una ventilación más homogénea y protectora5. Las maniobras de reclutamiento alveolar buscan aumentar de forma controlada la presión transpulmonar para reabrir alvéolos colapsados o parcialmente ventilados. En el contexto del SIRA, representan una estrategia relevante en el manejo de la hipoxemia refractaria. Sin embargo, la evidencia disponible, particularmente en COVID-19, es limitada y de baja calidad, por lo que su uso no se recomienda de manera sistemática. Cuando se emplean, pueden incluir la aplicación de presiones elevadas durante periodos breves, siempre bajo estrecha monitorización clínica6,7,8,9.
Monitoreo pulmonar
La interpretación de las variables de la mecánica pulmonar es fundamental para comprender el estado funcional del pulmón y guiar los ajustes de la ventilación mecánica. Es necesario medir, analizar e interpretar las fuerzas aplicadas durante la insuflación, particularmente la presión transpulmonar (stress) y las deformaciones resultantes del tejido pulmonar (strain), sin perder de vista el objetivo central de mantener unidades alveolares abiertas y funcionales para el adecuado intercambio gaseoso. Desde la perspectiva de la relación ventilación/perfusión (V/Q), la ventilación puede entenderse como la respuesta del sistema respiratorio al impulso mecánico de la insuflación y su posterior retorno a la posición de reposo. Este proceso se divide en tres componentes: 1) fase dinámica, en la que se vencen las fuerzas resistivas del sistema respiratorio (pulmón, caja torácica y abdomen); 2) fase estática, correspondiente a la distribución del gas en los compartimentos pulmonares, y 3) fase de retroceso elástico pulmonar. La identificación de las variables que representan cada una de estas fases es esencial para un monitoreo adecuado y para la titulación de una estrategia ventilatoria protectora6,7,8,9.
Monitoreo en condiciones estáticas
En ventilación mecánica controlada por volumen, la evaluación en condiciones de flujo cero permite analizar con mayor precisión las propiedades elásticas del sistema respiratorio. Durante la pausa inspiratoria, tras el cierre de la válvula inspiratoria y antes de la apertura de la válvula espiratoria, el flujo se detiene y el volumen administrado se redistribuye de manera homogénea. En este punto se mide la presión meseta o plateau (Pplat), que refleja la presión de retracción elástica del sistema respiratorio y, en equilibrio, se aproxima a la presión alveolar8.
Por otra parte, la medición de la PEEP intrínseca (PEEPi) se realiza mediante una pausa al final de la espiración, también en condiciones de flujo cero, y permite identificar fenómenos de atrapamiento aéreo e hiperinsuflación dinámica. La PEEPi puede presentarse en distintos escenarios: 1) sin sobredistensión pulmonar, asociada a espiración activa y aumento de la presión alveolar al final de la espiración; 2) por incremento de las demandas ventilatorias (frecuencia respiratoria o volumen corriente elevados) con tiempo espiratorio insuficiente, lo que condiciona un vaciamiento alveolar incompleto, y 3) en presencia de limitación del flujo aéreo, donde el colapso dinámico de la vía aérea durante la espiración favorece el atrapamiento de aire y el aumento de la presión alveolar sin mejora del flujo espiratorio10. La correcta interpretación de estas variables es esencial para optimizar la ventilación y minimizar el riesgo de lesión pulmonar inducida por el ventilador.
La distensibilidad (C, compliance) describe la relación entre el cambio de volumen pulmonar y la presión necesaria para generarlo (C = V/P, ml/cmH2O). En pacientes bajo VMI, la distensibilidad estática se estima a partir del volumen corriente (VT) dividido entre la diferencia entre la Pplat y la PEEP (C = VT/(Pplat−PEEP)). Como referencia, los valores normales se sitúan alrededor de 100 ml/cmH2O en condiciones generales, aproximadamente 75 ml/cmH2O en decúbito supino y cerca de 50 ml/cmH2O en pacientes con SIRA, lo que refleja la pérdida de elasticidad pulmonar en este contexto11.
La presión de conducción (driving pressure) se define como la diferencia entre Pplat y PEEP, y se evalúa idealmente en ausencia de esfuerzo respiratorio espontáneo. Este parámetro refleja la relación entre el volumen corriente y la distensibilidad del sistema respiratorio, actuando como un indicador indirecto del tamaño funcional del pulmón. La evidencia clínica ha demostrado que valores elevados de presión de conducción se asocian con mayor mortalidad en pacientes con SIRA; por ello, se recomienda mantenerla por debajo de 15 cmH2O. Además, su seguimiento resulta útil para ajustar la PEEP dentro de una estrategia de ventilación protectora orientada a optimizar la oxigenación y minimizar el daño pulmonar12.
Monitoreo en condiciones dinámicas
El monitoreo dinámico permite evaluar la interacción entre flujo, presión y volumen durante el ciclo respiratorio, integrando tanto las propiedades elásticas como resistivas del sistema respiratorio.
La resistencia de la vía aérea se define como la relación entre el gradiente de presión (desde la vía aérea proximal hasta los alvéolos) y el flujo de aire (R = P/F, cmH2O/l/s). Este parámetro varía en función del volumen pulmonar: a mayor volumen, menor resistencia de la vía aérea, y viceversa13. Su evaluación es útil para identificar obstrucción al flujo aéreo o cambios en las condiciones mecánicas del sistema respiratorio.
La distensibilidad dinámica se calcula como la relación entre el VT y la diferencia entre la presión pico y la PEEP (Cdin = VT/(Ppico−PEEP)). A diferencia de la distensibilidad estática, este parámetro integra el efecto combinado de la resistencia de la vía aérea, la caja torácica y el parénquima pulmonar. Sus valores suelen ser entre un 10 y 20% menores que los de la distensibilidad estática y pueden verse influenciados por factores como la edad y el peso del paciente13.
Monitoreo de la deformación del parénquima pulmonar
El estrés pulmonar se define como la presión de distensión aplicada al fibroesqueleto del pulmón durante la ventilación. Con base en este concepto, Grasso et al.14 desarrollaron el índice de estrés (stress index), una herramienta útil para optimizar la titulación de la PEEP y reducir el riesgo de VILI. Este índice se evalúa mediante la morfología de la curva presión-tiempo (Fig. 2). Una curva cóncava hacia abajo (índice < 1) indica aumento de la distensibilidad y sugiere reclutamiento alveolar potencial, por lo que podría considerarse incrementar la PEEP hasta obtener un trazo más lineal. En contraste, una curva cóncava hacia arriba (índice > 1) sugiere sobredistensión alveolar, lo que indica la necesidad de reducir la PEEP. Un perfil lineal se asocia con una ventilación más homogénea y, por tanto, con menor riesgo de daño pulmonar.
Figura 2. Monitoreo del índice de estrés en la curva de presión (eje-y) y tiempo (eje-x) durante la ventilación mecánica invasiva. El segmento rojo marca la porción inspiratoria en cada caso: Normal (= 1): la presión sube de forma lineal durante la inspiración; Sobredistensión (> 1): la curva se acelera (cóncava hacia arriba), indicando sobredistensión alveolar; Reclutamiento tidal (< 1): la curva desacelera (cóncava hacia abajo), indicando reclutamiento cíclico con cada respiración.
El strain representa la deformación del fibroesqueleto pulmonar en respuesta a la ventilación mecánica y constituye un parámetro clave en la génesis de la VILI. Su evaluación permite estimar el grado de estrés mecánico aplicado al pulmón y orientar estrategias de ventilación protectora. Entre las herramientas disponibles, la tomografía por impedancia eléctrica destaca por ser un método no invasivo, libre de radiación y de bajo costo, que permite analizar en tiempo real la distribución regional de la ventilación, contribuyendo a la optimización de los parámetros ventilatorios y a la reducción del riesgo de VILI14.
Titulación del ventilador y protección pulmonar
La titulación de la ventilación mecánica se orienta a tres objetivos fundamentales: evitar la sobredistensión alveolar, optimizar el reclutamiento alveolar (previniendo el colapso y reapertura cíclica) y ajustar la ventilación a las características del «pulmón enfermo», en concordancia con las metas de oxigenación y ventilación15.
El establecimiento de un VT basado en el peso corporal predicho constituye el pilar de la ventilación protectora. La evidencia ha demostrado que el uso de VT bajos (≈6 ml/kg) se asocia con menor mortalidad en comparación con volúmenes más altos (≈12 ml/kg), principalmente por su impacto en la reducción de la presión meseta16,17. No obstante, en pacientes con fenotipo L de COVID-19, caracterizados por mayor distensibilidad, puede considerarse el uso de volúmenes ligeramente superiores (hasta 8 ml/kg de peso predicho), siempre que la presión meseta se mantenga por debajo de 30 cmH2O18.
Mantener una presión meseta < 30 cmH2O es un objetivo clave, ya que este parámetro se correlaciona con la distensión alveolar y, en condiciones normales, actúa como un sustituto de la presión transpulmonar14. Sin embargo, su interpretación debe ajustarse en presencia de alteraciones en la elastancia torácica o abdominal, donde puede perder precisión y requerir mediciones más directas, como la presión esofágica. Valores elevados de presión meseta se asocian con mayor riesgo de edema alveolar y daño pulmonar2.
Por su parte, la presión de conducción (ΔP = presión meseta − PEEP) refleja el volumen pulmonar funcional disponible y el grado de pulmón reclutable en cada ciclo respiratorio. Este parámetro integra tanto la configuración del ventilador como las propiedades mecánicas del paciente, y se recomienda mantenerlo por debajo de 15 cmH2O como parte de una estrategia de ventilación protectora13,16.
Importancia de la titulación de la PEEP en pacientes con COVID-19
La titulación adecuada de la PEEP es un componente clave en la estrategia de ventilación protectora, particularmente en pacientes con SIRA secundario a COVID-19. Un metaanálisis que incluyó los estudios ALVEOLI, LOVS y EXPRESS evaluó el impacto de estrategias con niveles altos vs. bajos de PEEP19. En la población general analizada no se observaron diferencias significativas en la mortalidad entre ambos grupos (riesgo relativo [RR]: 0.94; intervalo de confianza al 95% [IC 95%]: 0.86-1.04; p = 0.25). No obstante, en el subgrupo de pacientes con SIRA, el uso de niveles más altos de PEEP se asoció con una reducción modesta pero significativa de la mortalidad (RR ajustado: 0.90; IC 95%: 0.81-1.0; p = 0.049). Estos hallazgos sugieren que el beneficio de una PEEP elevada depende del grado de gravedad del síndrome. En particular, los pacientes con SIRA moderado a grave pueden beneficiarse de niveles más altos de PEEP, probablemente por un mayor potencial de reclutamiento alveolar. En contraste, en pacientes con SIRA leve, el uso de PEEP elevado no solo carece de beneficio claro, sino que podría asociarse con efectos adversos, incluyendo sobredistensión alveolar y compromiso hemodinámico. Por ello, la titulación de la PEEP debe individualizarse, considerando la respuesta clínica, la mecánica pulmonar y el potencial de reclutamiento de cada paciente20.
Posición prona
En el SIRA, las zonas de colapso y ocupación alveolar predominan en las regiones dependientes del pulmón. En decúbito supino, estas corresponden principalmente a las regiones dorsobasales, lo que favorece el desequilibrio en la ventilación y la perfusión. La ventilación en decúbito prono redistribuye estas áreas, desplazando el colapso hacia regiones anteriores y promoviendo una ventilación más homogénea del parénquima pulmonar21.
Este cambio mejora la relación ventilación/perfusión, reduce el cortocircuito intrapulmonar y disminuye tanto la sobredistensión alveolar como el espacio muerto, contribuyendo así a limitar la VILI21. Los beneficios son más evidentes en pacientes con SIRA moderado a grave, en quienes se ha demostrado una reducción significativa de la mortalidad, como evidenció el estudio PROSEVA22. En la tabla 1 se muestran algunas características de los estudios que han empleado esta estrategia terapéutica.
Tabla 1 Aspectos metodológicos de estudios que han implementado la ventilación en posición prono en pacientes con SIRA
| Característica | SIRA clásico | SIRA por COVID-19 |
|---|---|---|
| Estudio | Guérin et al.22 PROSEVA trial | Estudios observacionales y metaanálisis (2020-2024) |
| Diseño del estudio | Ensayo clínico aleatorizado multicéntrico | Predominantemente observacional (cohortes, retrospectivos, metaanálisis) |
| Nivel de evidencia | Alto | Moderado-bajo |
| Población | SIRA severo (PaO2/FiO2 < 150) | SIRA moderado-severo, población heterogénea |
| Fisiopatología | SIRA «típico» | Inicialmente fenotipos variables; actualmente manejado como SIRA típico |
| Inicio del prono | Precoz (< 36 horas) | Variable; a menudo tardío al inicio de la pandemia |
| Duración del prono | ≥ 16 horas por sesión | ≥ 16 horas; frecuentemente prolongado (> 24 horas) |
| Número de sesiones | Ciclos repetidos | Variable según respuesta clínica |
| Estrategia ventilatoria | Ventilación protectora estricta | Adherencia variable a ventilación protectora |
| Efecto sobre la oxigenación | Mejoría significativa y consistente de PaO2/FiO2 | Mejoría consistente, con magnitud variable |
| Efecto sobre la mortalidad | Reducción significativa (28 días: 16% versus 32.8%) | No concluyente; posible beneficio sugerido |
| Complicaciones | Úlceras por presión, eventos de vía aérea (sin aumento significativo) | Perfil similar; manejable en centros experimentados |
| Reproducibilidad | Alta (intervención protocolizada) | Variable (dependiente de recursos y experiencia) |
| Recomendación clínica | Recomendación fuerte | Recomendación fuerte (basada en extrapolación y beneficio fisiológico) |
SIRA: síndrome de insuficiencia respiratoria aguda.
En el contexto de COVID-19, aunque inicialmente se plantearon fenotipos distintos, la evidencia actual respalda que el manejo ventilatorio (incluida la posición prona) debe seguir los principios del SIRA clásico. En estos pacientes, especialmente con hipoxemia grave (PaO2/FiO2 < 150, FiO2 > 60% y PEEP ≥ 5-10 cmH2O), el prono mejora de manera consistente la oxigenación y se asocia con mejores desenlaces cuando se aplica de forma temprana y prolongada. Para maximizar sus beneficios, se recomienda mantener la posición prona durante > 12 horas al día23, idealmente en la fase exudativa del SIRA y bajo sedación adecuada. Evidencia más reciente sugiere que la prolongación de las sesiones por encima de 24 horas puede asociarse con mayores beneficios en términos de oxigenación y desenlaces clínicos24; sin embargo, este enfoque debe equilibrarse con el riesgo de complicaciones, entre las que destacan las úlceras por presión y otras lesiones asociadas a la inmovilidad prolongada25,26. La suspensión de esta estrategia debe considerarse cuando se logre una mejoría sostenida de la oxigenación (PaO2/FiO2 > 150, FiO2 < 60% y PEEP < 10 cmH2O), verificando su estabilidad tras el retorno a decúbito supino. En caso de deterioro, debe reevaluarse la reanudación del prono27.
Las contraindicaciones incluyen situaciones de inestabilidad hemodinámica significativa o condiciones que dificulten su implementación, como cirugía abdominal reciente o trauma craneoencefálico. Asimismo, su aplicación requiere un equipo multidisciplinario entrenado, dado el nivel de complejidad y recursos necesarios28. En la actualidad, la evidencia respalda su uso como una intervención estándar en el manejo del SIRA, independientemente de la causa, incluida la COVID-1923.
La posición en decúbito prono constituye una estrategia fundamental en el manejo de pacientes intubados con COVID-19 y SIRA grave. Su implementación oportuna y adecuada, especialmente en unidades de cuidados intensivos, ha demostrado ser una intervención clave para mejorar la oxigenación y los desenlaces clínicos, como se muestra en la figura 3.
Figura 3. Beneficios fisiológicos y consideraciones clínicas de la ventilación en decúbito prono en el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (SIRA). El cambio postural redistribuye el colapso alveolar desde las regiones dorsobasales hacia zonas anteriores, favoreciendo una ventilación más homogénea del parénquima pulmonar. Ello se traduce en mejoría de la relación ventilación/perfusión (V/Q), reducción del cortocircuito intrapulmonar y disminución de la lesión pulmonar asociada al ventilador (VILI). PEEP: presión positiva al final de la espiración; SIRA: síndrome de insuficiencia respiratoria aguda; V/Q: relación ventilación/perfusión; VILI: ventilator-induced lung injury.
Conclusión
En conjunto, la evidencia actual consolida que el manejo ventilatorio del SIRA, incluido el asociado a COVID-19, debe sustentarse en una estrategia integral de ventilación protectora, basada en la limitación del daño inducido por el ventilador, la optimización del reclutamiento alveolar y la individualización de parámetros según la mecánica pulmonar de cada paciente. El monitoreo continuo de variables estáticas y dinámicas, junto con herramientas avanzadas de evaluación regional, permite ajustar de manera precisa la ventilación para minimizar el VILI. Asimismo, intervenciones como la titulación adecuada de la PEEP y la posición prona mantienen un papel central en la mejoría de la oxigenación y en la reducción de la mortalidad en casos moderados a graves. En este contexto, la comprensión fisiopatológica del SIRA y la aplicación rigurosa de principios de protección pulmonar siguen siendo pilares fundamentales para optimizar los desenlaces clínicos en pacientes críticamente enfermos.
Financiamiento
El presente trabajo no recibió financiamiento alguno.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener conflicto de intereses.
Consideraciones éticas
Protección de personas y animales. Los autores declaran que para esta investigación no se han realizado experimentos en seres humanos ni en animales.
Confidencialidad, consentimiento informado y aprobación ética. El estudio no involucra datos personales de pacientes ni requiere aprobación ética. No se aplican las guías SAGER.
Declaración sobre el uso de inteligencia artificial. Los autores declaran que no utilizaron ningún tipo de inteligencia artificial generativa para la redacción de este artículo.
